Por Miguel Agustín Verduzco
Todo el mundo ha escuchado alguna vez la historia de un ejecutivo talentoso e inteligente que ha perdido la pasión por su trabajo, no va con ganas a la oficina, se estanca y no tiene una salida a la vista o, igual de trágico, el caso de alguien que abandona una carrera de más de 20 años. Alguno más se preguntará ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Debo cambiar de rumbo? El cuestionamiento es hoy por demás apremiante entre quienes están a la mitad de su carrera profesional.
El número de personas que cambia de carrera, sin mencionar a aquellas que lo están pensando, ha crecido mucho en la última década y sigue en aumento. Pero la diferencia entre quien anhela el cambio y sigue en lo mismo, y quien da el salto en busca de una realización personal distinta a mitad de su carrera, no es la que uno esperaría. Al analizar las experiencias de estas personas, no queda duda: es difícil cambiar el rumbo, y esto no se debe a que los gerentes o los profesionales no estén dispuestos a cambiar; incluso muchos intentan reinventarse y dedican a ello mucho tiempo y energía, con un fuerte riesgo personal y profesional.
El problema está en los métodos, no en las motivaciones, si escoge un camino diferente al que le han enseñado, a la larga se tomará la ruta hacia otra carrera profesional, donde encontrará identidad profesional; es el sentido sobre su propio ser desempeñando papeles profesionales, lo que proyecta hacia los demás y, en última instancia, la forma en que vive su vida laboral. Debe quedar claro que trabajar en su identidad es un asunto de destrezas, no de personalidad. Tiene que estar dispuesto a abandonar muncho de lo que se le ha enseñado sobre cómo tomar buenas decisiones para cambiar de carrera, el cambio se produce al revés, primero viene la acción y después el saber.
Plan de tres puntos:
Conózcase a si mismo: Para saber en quién se ha convertido (en la práctica, no en teoría) tiene que poner a prueba la fantasía y la realidad, y no “mirar hacia adentro”. Conocerse a uno mismo es crucial, pero normalmente es el resultado y no el inicio del proceso de reinvención; tratar de identificar el “verdadero yo” a menudo provoca parálisis. Mientras espera ese momento fugaz y deslumbrante de la revelación, las oportunidades pasan de largo frente a usted. Para lanzarse tiene que olvidarse de su mente, necesita actuar.
Consulte con asesores de confianza: En tiempos de cambio e incertidumbre, normalmente se busca apoyo en los vínculos más duraderos: familiares y amigos. Sin embargo, cuando se trata de reinventarse, es probable que la gente que lo conoce mejor sea más un obstáculo que una ayuda. Por mucho que quieran apoyarlo intentarán reforzar –o incluso conservar desesperadamente– las identidades que está tratando de dejar atrás.
Los mentores y compañeros de trabajo más cercanos, pese a sus buenas intenciones, también pueden frenarlo sin proponérselo y los headhunters y los especialistas de outplacement, los profesionales del tema de cambio de carrera, lo pueden mantener atado al pasado con igual eficacia. En la mitad de la carrera, mucha gente busca aprovechar su experiencia en un lugar nuevo. Quiere inventar sus propios trabajos, escapar de las convenciones del mundo corporativo y, en algún caso, hacer algo completamente diferente.
Para romper con el pasado necesita verse desde una óptica nueva, requiere guías que hayan pasado por ello y que puedan entender hacia dónde va. La mejor forma de cambiar de marco de referencia y recibir sustento psicológico es buscar fuera de sus círculos habituales, con gente, redes y comunidades profesionales nuevas.
Pensar en grande: tratar de cambiar todo de una vez lo puede traer de vuelta al punto de partida con demasiada rapidez, y aunque una transición larga y menos lineal, puede dejarlo con la sensación de que ha perdido el tiempo, con pequeños pasos puede hacer que emerja una identidad profesional redefinida con mayor riqueza y mejor sustentación.